viernes, 2 de septiembre de 2016

Viaje a Suiza - Día 10 - Viaje de vuelta

Todo lo bueno se acaba, y finalmente el domingo 21 de agosto de 2016 iniciamos el viaje de vuelta a Tiñana desde Lucerna. Felices por todo lo vivido y la buena compañía, y tristes por alejarnos de Chusco, Nena, Álvaro y Anne Maël.

Iniciamos el viaje de vuelta una hora antes que el de día, a las 5 a.m., porque en Suiza amanece antes y porque teníamos más kilómetros por delante (unos 1250 Kms) que en el primera etapa del viaje de ida (unos 1100 kms). El viaje de vuelta lo hicimos también en dos etapas. Primero desde Lucerna a Pamplona, donde hicimos parada y fonda. Visitamos a los primos pamploneses Laura y Gabriel. Luego al día siguiente hicimos el recorrido final de Pamplona a Tiñana, con una breve parada en la playa de Gulpiyuri.




El viaje de vuelta se hizo llevadero. Solamente tuvimos un poco de lluvia a primera hora según iba amaneciendo. Después tiempo soleado. Mucho tráfico pero pocos atascos. Decidimos volver a cruzar  Francia en diagonal para evitar los atascos de Narbona y Toulouse. Antes de las 17.00 ya estábamos pasando Burdeos (con gran atasco en sentido norte) y antes de las 21:00 estábamos ya en Pamplona.

Aquí los peques en un área de servicio de la autopista entre Burdeos y la frontera española.

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De nuevo, tras más de 15 horas metidos en la furgo, lo mejor que pudimos hacer es dar un paseo por Sarriguren y cazar unos pokémons en el parque.



Finalmente, el lunes 22 de agosto de 2016,  completamos nuestro periplo, con el desplazamiento desde Pamplona a Tiñana. Hicimos una parada larga en la Playa de Gulpiyuri, apenas a una hora de la línea de meta, pero merece la pena. 40 metros de playa que conecta con el mar 100 metros más allá por una gruta. Realmente la playa como el mirador de los acantilados merecieron la parada.










Terminamos aquí nuestra serie de Posts sobre nuestro el viaje a Suiza en el verano de 2016.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Viaje a Suiza - Día 9 - Zurich

El sábado 20 de agosto de 2016 fue ya el penúltimo día de nuestro viaje. El día amaneció nublado y lluvioso. Decidimos dedicar la jornada a visitar Zurich, la capital económica de Suiza, que está más o menos a una hora desde Lucerna.

Tenía yo ganas de pasear por una de las calles de tiendas más caras y exclusivas del mundo, la calle de la estación, o Bahnhofstrasse de Zurich.




La verdad es que después de haber paseado por Mónaco, Cannes, los Campos Elíseos de París e incluso Oxford Street en Londres, no me pareció para tanto. Seguramente el problema de este lugar radica en que por un lado, alrededor hay mucho, mucho, mucho nivel. Si Suiza ya es dar un paso comparado con Francia o Alemania, Zurich es otro paso más comparado con Lucerna o Basilea. Por otro lado la calle no es muy larga, con lo cual la demanda supera con creces a la oferta, y los precios de los alquileres se disparan.










Eso sí, en la mejor esquina, uno de los mejores locales, como siempre, el de Zara. A su alrededor los sospechosos habituales, Joyerías como Piaget, tiendas de ropa como Prada, Louis Vuitton, zapaterías como Jimmy Choo,  tiendas de chocolate  como Teuscher.








Dada la mañana un tanto lluviosa, decidimos pasar un buen rato en la tienda de Juguetes Franz Carl Weber ..., que data del s. XIX. Cuatro plantas para perder horas y horas, donde los peques lo pasaron genial. Nos recordó mucho a la tienda de juguetes por antonomasia, Hamleys, en Londres. Salvo que Hamleys es mejor porque tiene por todos lados personas haciendo demostraciones super vistosas de los juguetes.



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Luego continuamos el paseo hasta el lago, donde comimos. Después de comer estuvimos callejeando hasta llegar al ayuntamiento. Había muchos restaurantes y cervecerías con muy buen ambiente de fin de semana, algo por ejemplo que  Lucerna no tiene tanto. Y poco más, un poco de compra rapidito, que en Suiza las tiendas cierran pronto el sábado por la tarde y vuelta a Basilea para ir preparando el retorno.









miércoles, 31 de agosto de 2016

Viaje a Suiza Día 8 - Basilea



El octavo día de nuestro viaje, cumpliendo ya una semana desde que nos pusimos en marcha, fue el viernes 19 de agosto. Con la suerte que hizo muy buen tiempo y que Álvaro y Anne Maël estaban libres de obligaciones laborales como para poder pasar la jornada todos juntos.

Para este día decidimos visitar Basilea. En la rodilla del Rhin, la ciudad de las tres fronteras (Francia, Suiza, Alemania), cuna de Roger Federer y tumba de Erasmo de Rotterdam.  Un lugar especial también para Chemy, pues estuvo por allí varias veces, dado que su tía Gloria vivió en Basilea más de 20 años.

Tras una hora de viaje desde Lucerna, dejamos la furgoneta en el parking de la zona del hospital y empezamos a pasear por las calles, para llegar al precioso ayuntamiento de Basilea.





Después visita obligada a la catedral y al mirador del Rhin donde comimos.




Justo enfrente trabajaba Gloria en el Kindergarden. Visitamos el interior de la catedral para rendir pleitesía, cómo no, a la tumba de Erasmo de Roterdam.




 En la plaza de la catedral había un interesante cine de verano instalado.

Después de comer continuamos el paseo por el barrio de Sant Alban que no tiene gran interés salvo para Chemy, por volver a la casa donde vivía su tía y a la Iglesia donde estaba la Misión Católica Española de Basilea. Todo estaba sin grandes cambios desde hace 20 años.













Continuamos el paseo bordeando el río, donde los peques aprovecharon para mojarse los pies.



Cruzamos al otro lado por un puente y paramos a tomar una cerveza. Había buen ambiente veraniego de viernes por la tarde en la ribera del Rhin. El lugar donde paramos a tomar la cerveza estuvo muy bien, porque por un lado estuvimos con los perros en la terraza, y por otro lado, en el interior había una estancia con juegos y juguetes de madera que les mantuvo entretenidos por largo rato. Ariel aprendió a jugar al Mikado.






Ya bien entrada la tarde fuimos terminando el paseo. Para cenar compramos algunas cosas en Migros de Basilea, incluyendo una fondue de quesos que Alavaró preparó y degustamos felizmente en casa regada con un vino Riesling muy, muy rico.